¿Elegimos nuestras palabras?
Ø En primer lugar y ante todo, pensemos antes de hablar para asegurarnos que hablamos con buena intención. La charlatanería es una falta de respeto para con los demás y el revelarnos a los otros con ligereza es una falta de respeto para con nosotros mismos. Muchas personas se siente impulsadas a expresar cualquier sentimiento, pensamiento o impresión pasajera que tienen, vacían el contenido de sus mentes al azar, y sin prestar atención a las consecuencias. Esto es peligroso, tanto desde el punto de vista práctico como desde el punto de vista moral.
Ø No nos acostumbremos a siempre comentar TODA idea que nos viene a la mente, es más importante escucharla atentamente, con la intención de aprender y no solo de criticar o corregir encima de ella. El habla descuidada es como un vehículo que pierde el control y se precipita en una zanja.
Ø Si es necesario, guardemos silencio la mayor parte del tiempo o hablemos poco. Hablar no es bueno ni malo en sí mismo, pero es tan común que la gente hable sin cuidado.
Ø Cuando participemos de discusiones sociales o profesionales debemos cuidar de que el espíritu e intención de la discusión, y lo que decimos, valgan la pena. El “hablar por hablar” puede ser muy seductor; no nos dejemos atrapar por él.