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Tips para elegir bien
   

¿Elegimos nuestras palabras?

 

Ø      En primer lugar y ante todo, pensemos antes de hablar para asegurarnos que hablamos con buena intención.  La charlatanería es una falta de respeto para con los demás y el revelarnos a los otros con ligereza es una falta de respeto para con nosotros mismos. Muchas personas se siente impulsadas a expresar cualquier sentimiento, pensamiento o impresión pasajera que tienen, vacían el contenido de sus mentes al azar, y sin prestar atención a las consecuencias. Esto es peligroso, tanto desde el punto de vista práctico como desde el punto de vista moral.

Ø      No nos acostumbremos a siempre comentar TODA idea que nos viene a la mente, es más importante escucharla atentamente, con la intención de aprender y no solo de criticar o corregir encima de ella. El habla descuidada es como un vehículo que pierde el control y se precipita en una zanja.

 

Ø      Si es necesario, guardemos silencio la mayor parte del tiempo o hablemos poco. Hablar no es bueno ni malo en sí mismo, pero es tan común que la gente hable sin cuidado.

 

Ø      Cuando participemos de discusiones sociales o profesionales debemos cuidar de que el espíritu e intención de la discusión, y lo que decimos, valgan la pena. El “hablar por hablar” puede ser muy seductor; no nos dejemos atrapar por él.

 

 

 

 

Ø     Nos tornamos mezquinos cuando participamos en discusiones acerca de otras personas. En especial, debemos evitar culpar o elogiar a las personas comparándolas con otras.

 

Ø      Cuando advirtamos que la conversación en la que participamos degenera en palabrería, tratemos, en la medida de lo posible, de reorientarla hacia temas más constructivos. Pero si nos encontramos entre personas extrañas e indiferentes, limitémonos a permanecer en silencio.

 

Ø      Caminemos por la vida siempre con buena intención, disfrutemos de una buena sonrisa cuando sea conveniente, pero evitemos el tipo de risotadas descontroladas que degeneran con facilidad en vulgaridad o malevolencia. Ríamos mucho, pero no nos acostumbremos a que siempre sea por burla.

 

Ø      Y además de todo esto, cuidar nuestras palabras evitando hacer promesas vanas. Podemos medir lo que decimos, pero es más difícil controlar cómo ello puede herir a los demás.

 
 
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